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Destacan tres cuestiones, los sucesivos proyectos que propusieron reformas generales a los planes de estudios de la Licenciatura y el Doctorado en Derecho, los sucesivos intentos de modificar la denominación de la Facultad jurídica Complutense, que sufrirá variaciones (Facultad de Jurisprudencia, Escuela provisional de Jurisprudencia), y el traslado de la Universidad desde la sede alcalaína a la actual de Madrid capital, de conformidad con las previsiones del plan de Ley general de Instrucción en el Decreto para arreglo general de la enseñanza pública redactada en las Cortes de Cádiz en 1812, ubicándose en diversos espacios físicos, Real Seminario de Nobles, convento de las Salesas, Casa del Noviciado de Los Jesuitas, siendo finalmente trasladada en 1956 a una nueva sede en el recinto de la Ciudad Universitaria, su emplazamiento actual. La vida interna de la Facultad vino marcada por la creación de la Institución Libre de Enseñanza, cuya alma fue Francisco Giner de los Ríos, catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional en nuestra Facultad, y por dos textos legales, uno «particular» acerca del modelo de proceder para designar tribunales y verificar exámenes de licenciatura y doctorado, y un texto de alcance general, la Ley General Instrucción Pública, conocida como Ley Moyano en atención a su inspirador, Claudio Moyano y Samaniego, Ministro de Fomento, que distribuía la enseñanza universitaria en Facultades, Escuelas Superiores y Escuelas Profesionales. Las Facultades de Derecho se dividían, a su vez, en tres secciones: Leyes, Cánones y Administración, reorganizándose pronto en dos: Derecho civil y canónico y otra de Derecho Administrativo. A principios de siglo se puso en funcionamiento una «Escuela Matritense de Estudios Superiores de la Facultad de Derecho» debido a la preocupación por intensificar desde la Facultad la formación práctica del jurista, tarea que terminó por cristalizar en otro centro docente, la Escuela de Práctica Jurídica. Las enseñanzas de la «Carrera del Notariado» se transfirieron a la Universidad, suscribiéndose en el curso 1994-1995 un convenio con el Ilustre Colegio Notarial de Madrid, primer paso para la constitución de un Instituto Universitario de Derecho Notarial.
Los años que median entre 1898 y la Guerra Civil constituyeron el momento de mayor calidad científica de esta Facultad como en general de toda la Universidad Complutense, como demuestra la publicación en 1936 del Curso de Derecho Mercantil del maestro Joaquín Garrigues. El siglo XX aportó la consolidación del prestigio general de la Facultad, que se había hecho muy grande, tanto por la labor de innovación académica como por la importante participación de sus profesores en la vida pública y en la creación de conciencia ciudadana colectiva. Son los casos de Vicente Santamaría Paredes, Rafael Conde y Luque, Niceto Alcalá-Zamora y otros muchos. No era la matriculación en nuestra Facultad atractiva por sugerir promesas de carreras fáciles y lucrativas, o reconocimiento público. Lo era por su protagonismo y sacrificios en la renovación social, cultural y política del país. La Facultad se encontraba muy en el centro tanto de los debates teóricos como de los conflictos reales que vivía el país, pero supo marcar un espíritu de continuidad en los valores que defendía y en el compromiso con que se identificaba. Por lo que a la imagen de nuestra Facultad se refiere, como signo y resumen de su vida en tales tiempos, fue centro visitado para cursos, conferencias o sesiones monográficas, por figuras de la ciencia jurídica mundial, y lugar elegido, entre otros transterrados del totalitarismo, por el tratadista de Derecho Político Hermann Heller para continuar su labor académica e investigadora.
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